Radicales iraníes crean «patrullas de castidad» para controlar a las mujeres

22/Sep/2014

El Observador

Radicales iraníes crean «patrullas de castidad» para controlar a las mujeres

Buscan controlar la
«moralidad» de las mujeres y que se cubran todo el cuerpo salvo la
cara, las manos y los piesLas «patrullas de
castidad», creadas por un grupo paramilitar iraní para controlar que las
mujeres vayan «bien cubiertas», es el último gesto de los sectores
más radicales para combatir lo que consideran «debilidad» del
Gobierno del moderado Hasán Rohaní.
Desde comienzos del
verano, cuando las iraníes más modernas se permiten un timidísimo
«destape» (velos que cubren el pelo más transparentes y ligeros,
mangas ligeramente acortadas pero siempre por debajo del codo) para afrontar el
calor, hay manifestaciones de los más conservadores para exigir la imposición
del «buen hiyab», más ajustado a una estricta interpretación del
código islámico.
Pero el grupo Ansar-e
Hizbulá ha ido aún más lejos y ha organizado patrullas callejeras en Teherán
para controlar la moralidad de las mujeres, especialmente de las jóvenes, más
relajadas en lo referente a cumplir con el legalmente obligado hiyab, que exige
tapar todo el cuerpo excepto la cara, manos y pies.
Este grupo paramilitar
-que cuenta con apoyo del líder supremo, ayatolá Alí Jameneí- afirma haber
formado y puesto en marcha «docenas de grupos para disfrutar del bien y
prohibir el mal» en los que participan 4.000 de sus miembros vestidos de paisano:
3.000 mujeres y 1.000 hombres.
Su objetivo es recorrer
las calles para «advertir» e intimidar a aquellas personas que, según
su opinión, violan las normas de «decencia» exigidas en la República
Islámica.
Según declaró
recientemente el secretario general de Ansar-e Hizbulá, Abdolhamid Mohtasham,
es necesario «aplastar a aquellos que extienden la corrupción»,
puesto que «se sienten envalentonados gracias al clima de tolerancia del
Gobierno» que ha provocado «un equivocado desequilibrio» en la
sociedad en la que «el peso de los corruptos ha cambiado en detrimento de
los religiosos».
«La operación en
Teherán será extensiva y el volumen de operaciones será alto», dijo,
orgulloso, Mohtasham, que también anunció que la iniciativa se extenderá al
resto del país.
Esta radical medida surge
poco después de que el presidente Rohaní, que ganó las elecciones tras prometer
mayores libertades sociales, señalara en un discurso que no es posible imponer
a la gente un comportamiento social.
«¿Es posible mejorar
la cultura con furgonetas, minibuses, Policía y soldados?», se preguntó,
en referencia a las furgonetas de la Policía moral que patrulla la ciudad con
un objetivo similar y que, según los más radicales, no es lo suficientemente
dura ni efectiva.
«Esto es una
dictadura religiosa», se queja a Efe Saide, residente en Teherán de 29
años que lleva el velo del pelo como lo hacen muchas jóvenes, dejando a la
vista buena parte de su cabello.
Su compañera de estudios
Sharshané, de 26 años, cree que «con este acto solo demuestran que no
respetan a la gente. Cada persona debería poder vestirse como quiera», un
pensamiento que cada vez se extiende más en un país con una población
mayoritariamente joven.
Fátima, que trabaja en
una empresa de turismo, recuerda que «en otros países, como por ejemplo en
Turquía, hay mujeres que van veladas y otras no. Pero las veladas allí no miran
mal a las que no lo están, las respetan, no como aquí, que nos miran con odio,
solo porque llevamos maquillaje o las uñas pintadas».
«En teoría, en la
calle no se nos puede ver el pelo. De hecho todas lo mostramos (con los velos
ligeramente caídos hacia atrás), pero eso significa que nos pueden detener en
cualquier momento. Caminamos siempre con miedo», asegura.
La presencia de más de
4.000 radicales en las calles que no responden a ninguna autoridad oficial, no
hará más que complicar la situación para las que entienden el concepto de hiyab
de una forma más laxa y acorde con sus creencias.
El ministro de Interior,
Abdolreza Rahmaní-Fazlí, reaccionó esta semana al anuncio y advirtió de que
responderá como corresponda a estas patrullas no autorizadas, que necesitan de
una autorización oficial para funcionar, con la que no cuentan.
«El Ministerio de
Interior es el responsable de asegurarse de esa cuestión y tendrá una respuesta
apropiada ante estas medidas», dijo ante el último ejemplo del pulso que
radicales y moderados mantienen para modificar o mantener las asfixiantes
reglas sociales vigentes en Irán.